Propósito de año nuevo

El próximo año voy a meditar, iré al gimnasio, dejaré de fumar, iré a inglés, leeré más, aprenderé a conducir, haré ese viaje que llevo aplazando toda la vida… ¿te suena? Según diversos estudios, casi la mitad de la población occidental se propondrá algo el 1 de enero, y casi el 90% fracasará… ¡cuántos deseos desperdiciados! ¿Te apetece que sea diferente?

Ama la vida que tienes mientras creas la vida de tus sueños.

No pienses que tienes que esperar a lo segundo para empezar a hacer lo primero

Hal elrod

Hasta la persona menos supersticiosa que conozcas hará algún ritual entre el 31 de diciembre y el 1 de enero: comer lentejas, tomar 12 uvas, usar ropa roja o amarilla, sacar la maleta, encender velas… y entre tanta tarea sin garantía, nos formularemos algún tipo de propósito que habremos olvidado o abandonado antes de finalizar el primer mes.

Según los expertos, el optimismo tiende a visitarnos en cada inicio, suele ser más habitual pensar que podemos empezar algo el lunes, el primer día del mes y, por supuesto, la estrella: cuando llegue el nuevo año. Y a pesar de que tendremos más energía para empezar un cambio cuando estemos descansados, es importante manejar las expectativas para tener éxito.

Si ya lo has intentado en el pasado, seguramente pienses que esto de cumplir propósitos es solo para aquellos que tienen una férrea fuerza de voluntad, o que no será más que un sueño tan poco probable como ganar la lotería. A mí me pasaba exactamente igual hasta que el año pasado me animé a hacer algunos cambios que, quizás, también puedan servirte.

Este año he tenido una experiencia diferente que me habría servido de excusa para no poder cumplir los objetivos, una enfermedad que me ha llevado a estar ingresada y jugarme la vida durante un mes y cuyas secuelas siguen coleando mas de medio año después. Sin embargo he conseguido la mayor parte de los objetivos que me marqué el año pasado: medito a diario, hago ejercicio regularmente, he leído el doble de libros que me propuse y mi bandeja de correo se ha reducido en un 90%. No he podido terminar el master ni postular a otro trabajo, como también me había planteado, pero la hospitalización y recuperación lo impidieron, y es que no todo se reduce a nosotros, también tiene que ver con nuestras condiciones.

Estos son algunos tips que pueden ayudarte:

Sé realista: todo necesita tiempo

Si llevas 10 años sin hacer ejercicio no vas a pasar en un día de no saber dónde guardaste las zapatillas a ir al gimnasio, levantar la pesa más grande como si nada, esculpir tu cuerpo como si fueses el David y disfrutar hasta convertirlo en tu única preocupación del día.

Miguel Ángel era un genio y tardó 4 años en esculpir la estatua. No es que dude de tus habilidades, es que todo en la vida lleva su tiempo y, por mucho que desees que empiece el verano, no llegará mañana si estamos a 31 de diciembre.

Cada cambio y actividad requiere un tiempo diferente, y también habrá diferencia dependiendo de cada persona. Algunos expertos en la creación de hábitos dicen que se necesitan 21 días, otros que 30… y existen otros, con los que coincido, que insisten en que dependerá de la tarea, de la asiduidad y de muchos otros factores. De todos modos, marcarse un reto de 21 días, 30 o los que consideres, es una buena estrategia para empezar.

También hay que tener en cuenta que, cuando el optimismo aparece, no solo nos cuenta que vamos a ir al gimnasio para conseguir nuestra salud soñada, también nos hace creer que lo haremos dejando de fumar, comiendo saludable y todo mientras ponemos en práctica nuevas recetas veganas que hemos leído en inglés.

Puedes cambiar todo lo que quieras, solo es importante recordar que cada cambio llevará su tiempo.

Revisa el año que cierras

Una de las cosas que había aprendido de 2020 es que sentarse a observarse un ratito no es especialmente cómodo pero puede ser muy clarificador. Quizá llegues al último día del año pensando que no has conseguido nada, y en cambio, si te sientas un poco a solas puedes ser capaz de comprender qué ha pasado para que no cumplieses tus objetivos y, sobre todo, que han pasado muchas más cosas.

Yo utilizo la aplicación de Notion para hacerlo, he creado una plantilla con todos los elementos que te estoy contando, pero tú puedes utilizar cualquier libreta o programa que te guste, y, muy importante, que tengas siempre cerca y disponible, porque lo más importante de registrar es no perder de vista nuestro proyecto.

Firma tu propio manifiesto y busca cómplices

Si formulamos un deseo al aire, se irá con la primera ráfaga de viento. Para tener éxito en una transformación personal hay que enfocarlo como un proyecto, y es que no tendrás proyecto más importante en la vida que tu propio desarrollo personal.

En la plantilla, que encontrarás al final de este artículo, además de la revisión del año que cierra, tengo un pequeño manifiesto con preguntas rápidas de contestar sobre lo que me gustaría que fuese, en términos globales, el nuevo año. Recuerda que, si usas algo similar, es bueno tenerlas a mano por si en algún momento pierdes el rumbo y necesitas ajustar las velas a lo largo del año.

Hal Elrod recomienda en su libro Mañanas milagrosas buscar cómplices, y, aunque todavía no me ha dado tiempo a ponerlo en marcha porque es uno de los libros que he terminado este mes, creo que puede ser muy útil compartir alguno de los propósitos que fijes con alguien. Será más improbable que canceles salir a caminar, unos minutos antes de lo programado, si te has comprometido a hacerlo con otra persona que ya puede estar esperándote, que si vas solo y no te apetece.

Tener un compañero en todo tu plan del año no será buena idea, porque no vais a tener los mismos objetivos, ni necesitar los mismos tiempos, pero encontrar cómplices para algunos propósitos será algo que pondré en marcha sin duda.

La fuerza de voluntad está sobrevalorada

A veces da la sensación de que eso de cumplir objetivos personales está reservado solo a unos cuantos espartanos con un gran control de su fuerza de voluntad. Pero nada más lejos de la realidad, la fuerza de voluntad no nos acompaña siempre y recurrir a ella solo nos carga con más peso del necesario. Reducir el logro de nuestros propósitos a tener fuerza de voluntad es como pensar que no puedes tener una lámpara de techo porque no llegas a cambiar la bombilla. Existen escaleras para alcanzar los puntos elevados y también para cumplir nuestros objetivos.

Si analizas tus anhelos de cambio, serán mayoritariamente metas que alcanzar mediante la construcción o transformación de hábitos. Y lo mejor para lograrlos es crear tu propio sistema. Te recomiendo que escribas lo que quieres conseguir y, con la periodicidad que consideres mas apropiada, lo revises para hacer los ajustes necesarios. Piensa en tu proyecto, fija unas fechas y revisa los tiempos.

La diferencia de poder hacer una revisión cada cierto tiempo es que tendrás la perspectiva suficiente para ver qué logros has conseguido y por qué no has llegado a otros. Un año vista es demasiado largo y si olvidamos nuestro objetivo en febrero pero no lo analizamos hasta diciembre, no tendremos posibilidad de modificarlo.

No fijes el foco en un resultado

Si tu objetivo es adelgazar una cierta cantidad de peso vas a tener dos posibles problemas: si tu cuerpo es caprichoso y, aún haciendo todo lo propuesto, no alcanzas la meta, te sentirás frustrado y correrás el riesgo de abandonar; mientras que si llegas al objetivo rápidamente corres el riesgo de abandonar esos cambios y volver a las rutinas que te llevaron al origen.

Un libro maravilloso para aprender a construir nuestras rutinas es Hábitos atómicos de James Clear. En mi humilde opinión, debería ser lectura obligatoria en el instituto. James propone enfocarse en los sistemas, no se trata de adelgazar 5 Kg, te propone convertirte en una persona saludable que cuida su alimentación y realiza ejercicio físico de manera rutinaria. Y lo hace mediante pequeños cambios, que funcionan de manera exponencial.

Si lo haces de esa manera, podrás cuantificar mejor tus éxitos porque ya no será tan importante perder más o menos en un mes, si somos conscientes de que estamos en el buen camino, y tampoco tendremos un objetivo en el que abandonarlo, porque habremos cambiado nuestra rutina.

Está muy bien esa idea de ser una persona mas sana, incluso podemos proponernos como meta la creación de un hábito que nos lleve al objetivo deseado pero… ¿por dónde lo empezamos? No somos máquinas a las que les cambias un conmutador y ya pueden funcionar de manera diferente.

A mí esta parte es la que siempre me costaba más porque cómo puedes saber si lo estás haciendo bien. Y nuevamente podemos enfocarnos en el ejemplo del proyecto, uno no dice «voy a hacer una película» y al día siguiente se sienta a esperar la nominación de los Oscar, requieres tener tu idea, escribir el guión, buscar el equipo, grabar, editar… y dentro de estas tareas tendrás subtareas más pequeñas donde ver el guión técnico, el story… Con tus proyectos funciona igual, trata de dividirlo en tareas pequeñas y cuantificables. Así tienes metas más pequeñas que ayudarán a motivarte y a la vez facilitarán tu revisión hasta que el hábito se instale en tu vida y sea algo automático que propicie el cambio que buscas.

En mi plan del año divido las metas en pequeños hitos. Por ejemplo, para crearme el hábito de meditar opté por marcarme retos del tipo a meditar todos los días una semana, luego 30 días, 90… y también me proponía cosas como meditaciones de 45 minutos o dos sesiones diarias en días puntuales. La cuestión de algunos hábitos es no hacerlos aburridos y tediosos.

Cuanto más pequeñas y específicas sean las formulaciones, más fácil será revisar si lo hacemos correctamente. Leer 12 libros puede no ser una buena meta, es mejor buscar convertirse en un lector, pero para ello, podemos ponernos un hito de leer 15 minutos todas las mañanas, acabar un libro de ficción en un mes… de esa manera, cuando termine la semana podemos comprobar si es realista encontrar esos 15 minutos, si podemos (y queremos) aumentarlo o si, por el contrario, es mejor dejarlo en 5 minutos o pasarlo a días alternos.

Uno de los grandes problemas que tenía era la creencia de tener que iniciar los nuevos propósitos el día 1 de enero o, en su defecto la primera semana. Y esto puede funcionar un día, dos… si eres una persona con suficiente fuerza de voluntad, puede que una semana, o si solo nos proponemos un cambio realmente pequeño que no impacte especialmente en nuestro estilo de vida. Pero no nos engañemos, antes o después caeremos en las rutinas antiguas, porque los cambios bruscos no son sostenibles en el tiempo.

Piensa que son hábitos para el año nuevo, tienes 365 días para ponerlos en marcha, así que respira y traza tu plan con calma. Una buena estrategia es añadir los cambios gradualmente y, siempre que sea posible, anclarlos a otro ya existente. Por ejemplo, una vez que meditar fue algo que hacía automáticamente, y empezaba el día sentándome en el zafú de manera rutinaria, fue muy sencillo proponerme hacer los ejercicios de respiración y estiramiento de por las mañanas a continuación, porque ya estaba en la zona apropiada para ello y hacer una cosa, implicaba disparar la señal para la siguiente.

Mi yo del pasado pensaba que el hecho de llevar a cabo una tarea personal con éxito ya era una recompensa. Además, no hacer algo que debía hacer, y más si era en mi propio beneficio, era algo que hacía muy mal. Por ejemplo, a pesar de que disfrutaba mucho programando, me costaba mucho ponerme y cuando lo hacía estaba siempre en el filo de la entrega y me recriminaba el no hacerlo con más calma y disfrutarlo con tiempo.

Ese modelo de funcionamiento es algo que tenemos muy instalado, y la evidencia es que funciona rara vez. Porque por miedo al castigo podemos hacer las cosas, pero rara vez podremos disfrutarlas. Cuando logré meditar todos los días del primer mes, decidí comprarme un zafú, esa fue mi primera recompensa, la sensación simple de sentarme en él cada mañana me recuerda esa alegría de haber conseguido algo que era importante para mí y que hace que me sienta mucho mejor.

No solo eso, una vez que logras algo desde la satisfacción del éxito y no desde el miedo al fracaso, aumenta la adherencia a esa actividad. Por supuesto que habrá días malos en los que no puedas conseguirlo, pero podrás retomarlo con mas facilidad tan pronto como sea posible. Mientras que si te castigas o recriminas cada fallo, nunca serás capaz de ver tus progresos y será más fácil que aparezca esa frase perfeccionista de «si ayer no lo hice, ya no lo voy a hacer bien y abandono».

Por último, no te pongas más obstáculos de los naturales. Como seres humanos sociales en un entorno en constante cambio, existirán muchos condicionantes que pueden dificultarnos, o incluso impedirnos, cumplir nuestros objetivos. Así que en la medida de tus posibilidades, no añadas extras.

Por ejemplo, si tu objetivo es ir a correr por las mañanas antes de ir a trabajar, intenta generar una rutina para ir a dormir pronto y poder madrugar. Si la serie que te gusta termina pasada la media noche pero quieres levantarte a las 6 para ir a correr, puedes optar por grabarla, o buscar una plataforma de streaming que la tenga, y además podrás utilizar la serie como recompensa. Antes de acostarte, también puedes dejar preparada la ropa y las zapatillas en la silla junto a la cama; de esta manera no te despertarás con cansancio y no necesitarás abrir el armario y pensar en qué ponerte, solo necesitarás abrocharte los cordones y salir a correr.

Te dejo aquí un enlace a mi plan en Notion para que puedas copiarlo en tu espacio y usarlo, o, si no utilizas esta aplicación, puedes verlo y diseñarte el tuyo propio.

En mi caso englobé 6 áreas de metas en las que establecer objetivos y a su vez pequeños hitos, obviamente no son necesarias todas, ni rellenar todos los campos. En mi opinión, si rellenas todos, pueden ser muy difíciles de llevar a cabo, a menos que sean proyectos realmente pequeños.

Con las áreas pasa lo mismo, puedes generar los grandes grupos como mejor te encaje en tu estructura. Para mí era muy importante un apartado digital para reducir mis buzones de entrada y uno de desarrollo personal para meditar, este año los mantendré porque quiero incorporar a mi vida un mayor orden digital y una rutina de mañana en la que se incluya una práctica de agradecimiento, y dejaré el apartado de vida para las relaciones con mi familia y amigos. Sin embargo puede que para ti funcione mejor centrar uno solo a la familia y no necesitas el digital.

Tu plan es tuyo y puedes adaptarlo como quieras, al igual que las preguntas de revisión y manifiesto, no hay nadie mejor que tú para saber qué campos de tu vida necesitas.

Decidas lo que decidas, te deseo que seas parte de ese 11% que lo consigue, ya me contarás en un año, si has notado la diferencia.

¡Feliz Año Nuevo!

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